Odio los planes a medias,
odio tus miradas vacías, levantarme porque tú me hagas ver la puta puerta más
cerca. Odio tus idas y venidas, tus quiero pero no puedo y tus ‘no te vayas tan
lejos’ cuando intento coger un poco de aire. Odio que siempre quieras tener
razón, y odio que vayas de víctima cuando no lo eres. Odio sentirme culpable,
odio que sientas y odio no poder sentir nada por nadie. Odio que me escribas
para vernos, odio que me digas que necesitas hablar y luego no me digas nada.
Odio cuando llegas, porque parece que ya estás por encima, y odio tener que
ponerte a mi nivel. Odio que tengas a mil detrás, y odio que los trates como
ratas. Odio meterme en tu cabeza, y odio que asumas que es parte de mi labor
como alguien interesado en conocerte. Odio tener que actuar por ambos, y odio
que no estés contenta cuando las cosas no salen. Odio que no digas las cosas. Odio
tu ‘yo soy así y soy distinta’ y odio tus ganas de amar, corriendo hacia el
otro puto lado. No puedo con tu conversación vacía, ni con tus ganas de que
alguien viva una vida que no sabes ni como coño vivirla tú. No aguanto los
portazos sin explicación, ni las explicaciones a portazos. Odio buscarte y odio
no encontrarte. Odio que esperes a que yo actúe, y odio esa puta forma de
entender que soy mago. Odio que te mientas todos los días y odio que no asumas
tu papel de ‘sé que coño quiero pero no estoy preparada’, odio no poder
insultarte cada dos segundos.
Te odio.
